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En toda las cuencas de los ríos del Somontano, se han cultivado desde siempre distintas variedades de legumbres, muchas de ellas autóctonas que, además de ser alimentos básicos en la dieta, eran moneda de cambio para conseguir otros. Entre ellas, las judías eran uno de los principales producciones al ser el ingrediente básico de la dieta cotidiana de antaño. A su vez, formaban parte de los menús rituales o festivos del mundo rural tradicional. En la actualidad, su cultivo está prácticamente desaparecido, y una parte importante de la huerta tradicional del territorio está abandonada, razón por la cual el paisaje y los usos tradicionales de este espacio están a punto de desaparecer. También están en riesgo la biodiversidad agrícola (variedades locales de verduras, legumbres, hortalizas autóctonas) y las prácticas hortícolas tradicionales asociadas.

Por ello, la Comarca de Somontano de Barbastro ha realizado un trabajo de prospección para la recuperación de este patrimonio tan importante, a través de diferentes apoyos: hortelanos/as locales, Red de Semillas de Aragón y el Centro de Investigación y tecnología agroalimentaria de Aragón (CITA).

 

La exposición “Judías tradicionales del Somontano: sabor y tradición” recoge la parte de este trabajo dedicado a las judías tradicionales. A través de 8 paneles, se presenta el ciclo de cultivo de las judías (siembra, cultivo, recolección, desgranado y conservación), así como conocimientos y tradiciones gastronómicas recogidas en diferentes pueblos del Somontano. 

 

Fue expuesta en la UNED durante varios días tras su inauguración el 15 marzo. Además, fue presentada en las Bibliotecas Verdes del Somontano, en el marco de la actividad “El valor de la huerta”


  • Gusto a Tradición

Joaquín Coll Clavero e Ismael Ferrer Pérez abordaron la historia y el estado actual de la producción hortícola y de la gastronomía tradicional. En su intervención presentaron una retrospectiva de la evolución de la huerta barbastrense, del Somontano y de Huesca capital, marcada por un importante retroceso de las superficies cultivadas y la consecuente deslocalización de las zonas de producción con respecto a las zonas de consumo de las ciudades y los pueblos. De los ingredientes que provienen de la tierra, como son las borrajas, los tomates, las judías y los garbanzos, salieron una multitud de elaboraciones culinarias arraigadas en las casas y transmitidas entre generaciones en las familias. Estos conocimientos fueron en gran parte recogidos en el libro “Manjares del Somontano” de Joaquín Coll, gracias al apoyo del Centro de Estudios del Somontano de Barbastro, ante la preocupante pérdida de los saberes y la práctica culinaria de nuestros antepasados. Por otra parte, Ismael Ferrer dio protagonismo a los hortelanos y hortelanas del Alto Aragón y su inestimable labor en la conservación y selección de variedades aclimatadas a nuestros territorios y que, gracias a la colaboración de unos pocos jóvenes agricultores/as, consiguen permanecer en huertas cercanas, disminuyendo así la huella ecológica y la línea de los productos llamados “km 0”. Si bien existen experiencias que fomentan y promueven una agricultura local y sostenible queda por hacer según estos dos investigadores, y eso pasa inevitablemente por la educación en los centros educativos, como “asignatura pendiente”, y por la responsabilidad que tenemos cada uno/a de nosotros/as re-dignificar el oficio de agricultores y ganaderos y en revalorizar estos alimentos que forman parte de nuestro patrimonio como puede ser una obra de arte o un edificio histórico. Cada compra y cada plato que se elabore a diario tiene consecuencias y puede favorecer, o no, a nuestro territorio y a la gente que lo habita.